—Si aún tienes dudas, en unos días Feli estará de regreso y podrás conocerlo. —Irene guardó su teléfono y continuó.
—¿Se llama Feli?
—Sí. —respondió Irene—. Gracias por lo de hoy. Espero que encuentres a alguien con quien compartir tu vida.
Después de decir esto, se dio la vuelta y se marchó. Al ver su figura alejarse, Diego sintió como si su corazón se desgarrara. Se presionó el pecho con fuerza, el dolor era tan intenso que casi no podía respirar.
Pero, ¿a quién podía culpar? El verdadero culp