Diego salió corriendo y cuando llegó, Irene aún no había tenido tiempo de subirse al auto.
—Ire! —gritó él.
Irene inicialmente no quería prestarle atención, pero tras pensarlo un momento, se dio la vuelta para mirarlo.
—El abuelo no está bien de salud, así que no deberías preocuparte por él en estos asuntos.
—Tranquila, no permitiré que cualquiera venga a interrumpir su descanso. —Diego respondió.
Cuando terminó de hablar, Irene intentó entrar en el coche. Diego se acercó, queriendo tomarla del