Al ver a Irene, Ezequiel sintió como si regresara a su adolescencia, con un cosquilleo en el corazón.
Los líderes del instituto hicieron las presentaciones y, cuando Irene comenzó a hablar sobre su proyecto, se sumergió rápidamente en la conversación. Su voz era melodiosa, sus explicaciones claras y su confianza brillaba de una manera que pocas chicas comunes tenían.
Ezequiel no pudo apartar la mirada de ella. Hizo algunas preguntas que parecían casuales, pero en realidad eran muy relevantes.
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