El último en entrar era nada menos que Diego. Irene no podía creer que él también hubiera venido.
—¿Señor Martínez, ahora te has cambiado de oficio? —Bella se rio, entre enojada y divertida.
Los dos de adelante no entendían qué pasaba, pero al mirar hacia atrás, se dieron cuenta de que el último no era alguien del club. Diego había logrado convencer a otro para que lo sustituyera y así pudo entrar en la habitación.
—Solo le doy servicio a ella. —dijo Diego, mirando a Irene.
Estrella, por un mome