Irene pensó para sí misma que a Diego no le importaba si iba o no; ¿a quién pensaba que estaba amenazando? No quería decirle nada y ni siquiera quería mirarlo.
Al ver que ella intentaba irse, Diego la detuvo de nuevo.
La situación de acoso y espionaje ya le había molestado, así que, al sentir su mano, Irene lo apartó de un empujón.
—¡Diego, por favor, no seas así! ¡Ya nos separamos! Si sigues así, realmente te voy a despreciar.
Al escuchar que lo despreciaba, Diego sintió un profundo dolor en su