—Te lo pregunto de nuevo. —dijo Diego—. Espero que respondas con sinceridad.
—Yo nunca miento. —respondió Julio—. Por supuesto, si te sientes engañado y no confías en nadie, no puedo hacer nada al respecto.
—Puedes decir lo que quieras, pero solo dime dónde está ella. Ni siquiera te devolveré el golpe aunque me pegues. —Diego aún no discutía con él.
—Vaya, señor Martínez, ¿qué quieres decir con eso? No es algo que esperaría de ti. —Julio estaba algo curioso.
—Puedes ser sarcástico y hacer lo que