¿Es cuestión de dinero?
—¡Elige tú mismo! —Irene se zafó de él.
—Si tú no eliges conmigo, ¿cómo voy a saber qué tipo te gusta? Mira eso, incluso hay de jade; se decía que era bueno para la salud... —Diego la abrazó.
—¡Cierra la boca! —Irene había llegado al límite.
—Sé obediente. —La voz de Diego llevaba una sonrisa—. De lo contrario, haré que empaquen todo y lo envíen a nuestra casa.
Es posible que estuviera loco, y quizás realmente pudiera hacer algo así.
—Yo elegiré. —Irene tomó una respiraci