—No voy a hacer nada. —dijo Diego—. Tú me tocaste, yo te tocaré a ti. ¿No es justo?
¡Justo ni hablar! Irene estaba a punto de maldecir.
—¿No puedes pensar en algo más aparte de estas cosas sucias?
—Después de todo, tienes una figura tan impresionante; después del divorcio no podré abrazarte. Mientras aún no estemos divorciados, naturalmente no puedo dejar que me quiten la oportunidad. —Diego la abrazó, no permitiéndole irse.
Irene no esperaba que hablara así. Aunque sabía que la trataba como un