—¡Estás diciendo tonterías! —Irene estaba muy enojada—. ¡Yo estaba borracha, ¿qué podría hacer!
—Puedes hacer muchas cosas. —Diego se apoyaba en la cabecera de la cama, con una apariencia holgazana y satisfecha, pero sus palabras eran desafiantes—. Me pedías besos, abrazos, y decías que no parara...
—¡Cierra la boca! —Irene se sentía mal por haberle respondido—. ¡Nadie cree esa historia!
Dicho esto, regresó al baño, cerrando la puerta de un golpe.
Diego alzó una ceja, recordando la noche anterio