Polvo,cenizas y niebla, mucha niebla.
Aquello era difícil de disipar, ella,el ángel (ahora caído) estaba transitando un momento desgarrador.
Su ánimo había tomado el lento camino a la agonía y al abismo, de la mano de la voz de aquel pequeño.
La voz de un niño ya sepultado,con una luna sangrienta de testigo y unas nubes cubriendo de vergüenza la noche.
Esa noche le había enseñado su debilidad más grande,después de todo, el lugar en dónde estaba era especialista en sacar lo más escondido y podrid