El mismísimo Satán
A eso era lo que se enfrentaba aquel niño, de vida miserable que había pedido por su intervención, tal vez creyendo que era una especie de Santo.
«¡Por favor te necesito!, no puedo morir en este estúpido pueblo.... sé qué puedo servirte bien, tan solo contéstame.... contéstame»
Sus ojos violetas profundos adornaban una oscuridad que era cómplice en la visita que Gabriel había esperado tanto, aunque por momentos el silencio quebrara su esperanza y la duda le reclamara que acept