POV NINA
Desperté sin saber dónde estaba.
Durante unos segundos permanecí completamente inmóvil, mirando el techo mientras intentaba recordar qué había sucedido.
La habitación estaba en silencio. Mi cabeza dolía.
Sentía el cuerpo pesado y una presión terrible en el pecho.
Entonces, de repente, una voz resonó en mi mente.
La voz de mi hijo.
—¡Mamá!
Abrí los ojos de golpe.
—¡Agustín!
Me incorporé como un resorte.
—¡Mi hijo!
Lanya estaba sentada cerca de mí.
—Nina, tranquila.
—¿Dónde está Agustín?