POV Flora.
El sol de la tarde caía con una tibieza engañosa sobre el pavimento, mientras yo permanecía oculta a una distancia prudente, con las manos aferradas al volante hasta que los nudillos se me pusieron blancos.
Desde mi posición, observaba en silencio cómo los niños eran llevados a la zona de juegos del parque. Mis ojos, secos y cansados por tantas noches en vela, no se despegaban de la pequeña figura de Agustín.
Apreté los dientes.
Estaba lista. El momento que había planificado durante s