Después de dejar a los niños en la habitación, prometiéndoles que ella misma les explicaría todo en un rato y que, por lo pronto, podían quedarse mirando una película o cualquier cosa en la televisión, salió y se dirigió nuevamente al comedor. Sin embargo, Maximilian ya no estaba allí.
Sentía un vacío en cada parte de su ser, como si la impotencia la abrumara. Había imaginado ser más cariñosa, usar un tacto suave y no soltar de golpe una verdad que podría afectar a los niños, algo que sería dif