Natalia llegó a la puerta de Simón con pasos firmes y un semblante que parecía hecho de granito.
Tocó con fuerza, su mano golpeando la madera como si quisiera derribarla con su determinación. Simón abrió al cabo de unos segundos, con el ceño fruncido y una ligera expresión de sorpresa al verla allí.
—¿Natalia? —preguntó, su tono reflejaba una mezcla de confusión y nerviosismo—. ¿Qué haces aquí?
Ella no respondió de inmediato. Su mirada afilada recorrió el rostro de Simón como si buscara alg