Simón se cruzó de brazos, observando cómo Isabella intentaba recomponerse tras su evidente titubeo. La frialdad en su mirada era un reflejo de su descontento, algo que ella no podía ignorar.
—Por supuesto que te dije toda la verdad —respondió Isabella, intentando sonar firme, aunque su voz se quebraba con un leve temblor—. ¿Por qué preguntas eso?
Simón entrecerró los ojos, una chispa de desconfianza se reflejaba en su mirada.
—Porque si descubro que me has mentido, Isabella, te va a ir muy mal