En un café al otro lado de la ciudad, Natalia removía su té con cierto nerviosismo. Daniel, sentado frente a ella, la observaba con curiosidad mientras cruzaba los brazos.
—Por teléfono sonabas muy decidida —comentó él, rompiendo el silencio.
—Lo estoy —respondió Natalia, dejando la cuchara a un lado y enfrentando su mirada—. Necesito tu ayuda para sacar todo a la luz de manera definitiva.
Daniel arqueó una ceja, intrigado.
—¿Qué necesitas exactamente?
—Debemos conseguir los videos de esa noche