Isabella paseaba de un lado a otro en la sala de la mansión Cáceres, con el ceño fruncido y el rostro encendido de furia.
Frente a ella estaba Nelly, la madre de Simón, sentada en el sofá con los brazos cruzados, escuchándola despotricar contra Natalia.
—Es una descarada —dijo Isabella, golpeando el aire con las manos—. Vuelve después de años como si fuera intocable, con ese nombre nuevo y sus “aires de grandeza”.
Nelly frunció el ceño, claramente molesta por lo que escuchaba.
—Siempre s