Simón había llegado minutos antes a la casa de Natalia, el coche de Keiden todavía aparcado en la entrada le había causado una sensación extraña, un nudo en el estómago que se hizo más grande a medida que observaba el vehículo vacío.
No lo vio dentro, pero algo en el aire le decía que estaba allí.
De repente, su malestar creció, como si una fuerza invisible lo empujara a exigirle algo, a que ese hombre se alejara de Natalia y su hijo. Lo pensó por un segundo, y luego otro, pero no podía deja