Delia, siempre rápida para improvisar, le devolvió una sonrisa cómplice y levantó una ceja como si todo estuviera bajo control.
—Pues... en realidad, quien estaba afuera era… —se interrumpió, girando la cabeza para señalar detrás de ella, solo para encontrarse con el vacío.
Simón, el supuesto “espía”, había desaparecido como si nunca hubiera estado allí.
Delia apretó los labios y murmuró para sí misma: “Cobarde. Si lo vuelvo a ver husmeando como un perro, le pateo las canicas sin remordimien