El sol brillaba intensamente en Villa Dorada, y los árboles que rodeaban la casa de Natalia se mecían suavemente con la brisa.
Aunque el día parecía perfecto para pasar tiempo en familia, Natalia sentía una tensión constante en su pecho. Miró a Nathan, quien caminaba a su lado con el rostro radiante de entusiasmo.
—¿Qué tal si vamos a conocer a tus abuelos? —preguntó Natalia, intentando sonar casual, aunque sabía muy bien la respuesta.
Nathan la miró con ojos brillantes y sonrió de inmediato.
—