Delia entró al consultorio del doctor Carrasco con pasos firmes, aunque su pecho aún cargaba con un leve peso. El psicólogo la recibió con una sonrisa cálida, invitándola a sentarse.
—Te ves diferente hoy, Delia —comentó él, cruzando las manos sobre el escritorio—. Más tranquila, más... fuerte. ¿De dónde viene esa fortaleza?
Delia se acomodó en la silla, con los dedos entrelazados sobre su regazo. Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios antes de responder.
—Le conté a Natalia lo que Is