Isabella intentó ponerse de pie, pero Henry la empujó de nuevo al suelo con un movimiento brusco.
—¡Yo necesitaba mi venganza! —gritó, desesperada—. Tú querías dejarme fuera, no apoyarme. ¡No me dejaste opción! ¡Tenía que improvisar!
Él la miró con un desprecio tan profundo que casi parecía quemarla.
—Improvisaste mal, Isabella —escupió con rabia—. Y ahora pagarás las consecuencias.
Con un gesto, los hombres se acercaron. Ella forcejeó y gritó mientras le arrancaban los pendientes, el col