Simón apretó los dientes por la manera en que llamó Natalia, dejándole claro una vez más que había perdido. Sin embargo, se mantuvo firme y levantó el rostro, sosteniendo la mirada de Keiden con determinación.
—Ese bebé también puede ser mío, Keiden —dijo con un tono desafiante—. Es una posibilidad muy grande, y lo sabes.
Keiden negó de inmediato, su expresión era tensa y tenía los puños cerrados a los costados.
—No es tuyo, Simón —dijo con voz áspera—. Lo sabes tan bien como yo.
Antes de