El aire en la habitación del hospital se sentía denso, cargado de emociones que no podían ser contenidas.
Mateo, a pesar del dolor punzante en su pecho, tomó la mano de Delia con firmeza. Ignoró sus débiles protestas y se inclinó hacia ella, mirándola directamente a los ojos con una intensidad que la desarmó por completo.
—Escúchame con atención, Delia. —Su voz era suave, pero cada palabra estaba cargada de fuerza—. No eres una carga para nada. Si elegí salvarte es porque me importas… y much