Natalia parecía más repuesta, aunque sus ojos seguían nublados por la tensión. Keiden empujaba su silla de ruedas con cuidado, y cuando llegaron a un pequeño corredor más apartado, decidió hablar.
—¿Qué ocurrió allá dentro? —preguntó con cautela, bajando el tono de voz.
Natalia suspiró profundamente y cerró los ojos por un momento.
—Una burrada —respondió con un deje de frustración en su voz.
Mateo, que había estado observando en silencio, alzó una ceja, claramente intrigado. Sin embarg