Keiden apretó los labios y asintió lentamente, con sus ojos fijos en Natalia.
Por dentro, su corazón latía con una mezcla de ansiedad y dolor, pero se obligó a mantener la calma. Aunque le costaba aceptar la confesión, sabía que tenía que escucharla hasta el final.
—Entonces… ahora entiendo tu urgencia para hablar con Simón —dijo finalmente, con un tono que intentaba ser neutral, aunque su voz tembló ligeramente al final.
Natalia lo miró con el ceño fruncido, desconcertada por sus palabras