Las primeras semanas de matrimonio para Natalia fueron un tormento silencioso. La casa, que siempre había imaginado llena de amor y momentos compartidos, ahora se sentía más grande y vacía que nunca.
Simón solo llegaba al anochecer, cuando el cansancio lo vencía y no le quedaba más opción que compartir el mismo techo que ella, aunque solo para encerrarse en el despacho o en la habitación de invitados.
El desprecio en sus ojos era palpable, una daga que atravesaba a Natalia cada vez que cruzab