Tiempo actual. Días después…
Isabella caminaba por la habitación de su casa, con su elegante vestido de seda rozando el suelo con cada paso nervioso.
La amplia sala estaba bañada por la suave luz de la tarde, reflejándose en las delicadas cortinas de lino que adornaban las ventanas. Pero la calma exterior no lograba apaciguar la tormenta interna que se gestaba en su mente.
Aunque había conseguido lo que tanto deseaba —Simón estaba finalmente de su lado, desconfiando completamente de Natalia—