En la sala, justo antes de que el doctor García pudiera pronunciar una sola palabra, Isabella se desplomó repentinamente.
El impacto de su caída resonó con fuerza, seguido por un caos de jadeos y murmullos inquietos.
—¡Isabella! —gritó una voz femenina entre la multitud.
Algunos de los presentes se levantaron de sus asientos, sorprendidos por el espectáculo, mientras otros intercambiaban miradas desconfiadas.
Natalia, con el rostro endurecido, cruzó los brazos sobre su pecho y dejó escapar