—¡Todo es tu culpa Aitor Roig! —gritó enfurecido el anciano Hamilton se acercó a su yerno con profunda seriedad—, tú debiste investigar esto desde un principio, y no dejar pasar cinco años —bramó lo apuntó con el dedo índice.
—¿Y por qué no lo hiciste tú? ¡Tú eres el padre de Aby! ¡Tú la juzgaste al igual que yo y los demás, pero ella era tu hija, debiste creerle, apoyarla! —rugió embravecido Aitor.
El anciano lo miró con una expresión sombría, apretó sus puños.
—Voy a destruir tu empresa, te