Aby se mordió los labios, no sabía qué hacer, desconocía en dónde vivía ahora él, pero tampoco pensó que era correcto ir hacia allá.
—Mami, qué le pasó a mi amigo —preguntó el niño.
—No lo sé —expuso Aby, sintiendo su piel erizada.
—¿Necesitará ayuda? Se oía muy mal.
Aby se estremeció, se llevó la mano al pecho. Justo como enviado del cielo llegó Piero.
—Tengo que salir, ¿te quedarías con Jake unas horas? —indagó.
—Claro —contestó Piero luego de saludarla. —¿Estás bien? —La miró con atenci