—¡Es- escuchaste mal!
—Claro que no —gritó—, no me creas imbécil. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te quedaste callada? ¿Por qué dejaste que pensara que fue Abigaíl la culpable?
—¡Por ti! ¡Por salvarte la vida! —respondió Viviane—, estábamos demasiado endeudados con Robert Hamilton, y ese hombre, ya no quería esperar más, los bancos no nos daban créditos Aitor, no contábamos con bienes, tu padre nos dejó en la ruina, entonces pensé que la única forma de conseguir ese dinero y pagar el tratamiento