Aby negó con la cabeza, tapó con su mano el auricular.
—Claro que no, Jake es mi hijo.
—Pero me puedo quedar con mi amigo Aitor mami, ya no me cae tan mal, está divertido armar el robot —replicó Jake.
—¿Natalia?
La voz del cliente la sobresaltó, era una gran oportunidad, frunció los labios, aceptó la entrevista.
—Deme los datos, y nos podemos ver hoy —aseguró, enseguida anotó una dirección, guardó su laptop en su bolso, sacó su estuche de maquillaje, se aplicó polvo traslúcido, sombras sua