Pasó una larga semana, Valentina caminaba por el centro de Redville, estaban en una tienda de novias, cuando salió para ir a otra tienda encontró a Esteban, se quedó paralizado, se miraron fijamente
—Hola —dijo él con la voz apagada
—¿Qué haces aquí? Pensé que te había ido de vuelta a tu país —dijo ella
—Necesitaba hablar contigo.
Ella miró su semblante, era de verdad desolador, mordió su labio inferior, no sabía si debía hacerlo
—¿De qué podemos hablar, Esteban? No tiene caso —dijo Valenti