38. Un plan retorcido
Cuando Kathia avisó a Piero — el jefe encargado de custodiar la casa — que Cassio estaba en peligro, lo movió todo a través de varias llamadas para intentar localizarlo, pero una hora después todavía no tenían nada y al amanecer nada era distinto.
— ¿Ella te dijo que volvería a llamar? — le preguntó Piero a una Kathia que no paraba de caminar de un lado a otro en el centro de la sala.
— Sí, pero no dijo cuándo — respondió angustiada. No había pegado un ojo en toda la noche, no pudo —. Francesca