Hablaron durante casi una hora sobre aquello que los acomplejaba por igual e intentaron ser tan sinceros uno con el otro que, en algún momento creyeron ser la misma persona. Tenían más en común de lo que creían y, no obstante, los dos vivían en mundos muy diferentes y atravesaban etapas muy disímiles en sus vidas, los unía una sola cosa, un sentimiento que poco a poco se iba haciendo más claro entre los dos y también más fuerte.
Se gustaban y apreciaban cada detalle —bueno o malo— del otro, y y