Lexy se rio con vergüenza y negó otra vez, ocultando su mirada y tocándose las manos como siempre solía hacer y se apoyó en el sofá del auto, todo para mirar a Joseph con puerilidad.
»Esa cara que pones, de niña buena y traviesa, me produce enormes deseos de follarte en cuatro patas hasta tener hipo —confesó y la cogió del cuello para plantarle un apasionado beso en la boca.
—Hazlo, por favor —jadeó Lexy en sus labios y gimió excitada cuando el hombre metió su mano por su entrepierna y la acari