Los minutos pasaron con violencia y su ansiedad lo castigó.
La mayoría de las jovencitas y empleadas de Open Global caminó a su lado, ignorándolo y desaparecieron por los pasillos del hotel, charlando despreocupadas después de tan agitada mañana.
Carraspeó nervioso y se armó de valor. Abrió la puerta del tocador para mujeres y echó una rápida miradita a su entorno.
Se sorprendió cuando un delicioso aroma a lavanda le llegó a la nariz y admiró en silencio las elegantes losetas que embellecían el