La jovencita se detuvo jadeante frente al elevador y sin importarle nada, se quitó los tacones con prisa y los sostuvo entre sus manos mientras escarbó en sus bolsillos, buscando su teléfono móvil.
Con un significativo temblor en todo el cuerpo marcó el número privado de ese hombre al que pretendía recuperar y esperó impaciente a que la línea conectara. Rabió entre dientes al ver que nada resultaba y chilló frenética al entender que la cobertura telefónica dentro del hotel no era la mejor de to