Sofía casi se moría de la vergüenza y no se atrevía a mirar a Simón.
Ella solo era una actriz con poca popularidad, no podía ofender al señor Hernández, pero tampoco a Simón, quien la había escuchado hablar bien de Alex. Sofía se preocupó temiendo que él se vengara de ella. Al pensar en esto, giró de golpe la cabeza para mirarlo y dijo haciendo un puchero:
—En realidad, usted también es muy...
—¿Acaso lo que dijo ella no es la verdad? —la interrumpió Alex, apareciendo en la puerta de repente.
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