En silencio, Sofía contaba los segundos que faltaban antes de que Noa estallara. Finalmente, cuando estaba a punto de llegar al diez, Noa dejó caer el tenedor. Este cayó sobre la mesa con un ligero sonido, no muy alto pero extremadamente intimidante. Alex y Simón se detuvieron al mismo tiempo y la miraron con cuidado.
Noa levantó la vista y sonrió.
—¿Estaban cansados de sostener los tenedores por tanto tiempo?
Alex y Simón no sabían qué decir.
—¿Por qué no dejan de comer por un momento y salen a