Noa observó los platos deliciosos por un rato y de pronto entendió todo.
Sofía salió del baño y, al ver el desayuno en la mesa, se mostró muy sorprendida y preguntó:
—¿Por qué hay tantos platos?
Noa, que ya se había sentado y bebía un vaso de leche, le echó una mirada y cuestionó:
—Creo que tú sabes la razón mejor que yo, ¿no?
Al escuchar esto, Sofía se sintió tan culpable que no se atrevió a decir nada más. Se sentó junto a Noa para empezar el desayuno. Probablemente debido a lo ocurrido, Sofía