Frente a las preguntas insistentes de Sofía, Noa se mantuvo tranquila y despreocupada.
—Dilo, dilo —Sofía se acercó a ella, insistente.
Noa la miró y habló.
—Así de simple, aunque te imagines mil cosas en tu cabeza, no cambiará nada.
Había terminado de recoger las cosas y las arrojó al cubo de basura antes de ir a lavarse las manos.
Sofía la siguió de cerca.
—Aunque no digas nada, yo no te creeré.
A Noa no le importaba:
—No importa, si no me crees, está bien.
Sofía:
—¿De verdad no me vas a refut