Noa hizo una mueca y dijo:
—He dicho la verdad. A esta edad, tienes que pensar en tu propio matrimonio.
Manuel arqueó una ceja y le echó una mirada a Noa diciendo:
—Dejamos el tema ya.
—No. Insistiré si me vuelves a mencionar el tema de las citas a ciegas en el futuro.
—¿Crees que yo quiero obligarte a asistir a alguna cita a ciegas? No es así. No me importa si te casas o no. Mientras estés feliz, si no quieres casarte, yo puedo cuidarte hasta el fin de mi vida sin problemas. Pero...
¿Pero qué?