“¡Qué valentía tuvo la chica para pedirle el número a Alex! ¿Acaso no ha oído que él es difícil e indiferente como un robot? Ah no, mejor dicho, es mucho más indiferente que un robot. Menos mal que ya se alejó del demonio de Alex. Pero habrá más chicas que lloren debido a la ilusión destruida por Alex, una tras otra, ¡qué lástima!”, pensó Noa y suspiró en silencio.
Antes de bajarse del avión, la voz ronca de Alex sonó:
—El auto del ama de llaves está en la salida. No es lo que suelo usar, así q