La llamada de Alex llegó quince minutos después de la del abuelo.
La voz de Alex era fresca y bonita como siempre, como si fuera una canción interpretada por un arroyo y las piedras de la montaña.
—¿Voy a recogerte?
Noa había aceptado la oferta del abuelo y por eso no lo rechazó.
—Bien ––respondió.
Después de colgar, Noa preparó la ropa que necesitaría al día siguiente, luego se puso una mascarilla facial y se acostó.
Sin embargo, solo diez minutos después, su móvil sonó otra vez. Miró la pant