Aunque los criados no les habían alimentado y vestido, era verdad que no habían hecho ningún quehacer.
Y ahora, ¿tenía que agacharse y ordeñar la vaca?
La cara de Álvaro cambió de color en cuanto su mano tocó la vaca. Por suerte, los fotógrafos dirigieron sus cámaras justo a sus manos. La cara de Álvaro se puso peor porque no pudo hacerlo, ni siquiera podía poner sus manos sobre la vaca.
Joshua se dio cuenta de la situación y mostró una sonrisa imperceptible.
–– Señor Álvaro, ¿qué tal si me si