Tendría que verlo tarde o temprano, pues ella ya tomó la decisión.
—Más tarde hablamos, ahora estoy en camino al hospital, calmas al abuelo primero y dile que he ido a comprarle regalo.
—Bien —se notó la alegría en la voz de Alex aunque no fue obvio, sino muy reservada. La mayoría no podrían descubrirlo, pero Noa ya le conocía muy bien, por eso lo logró distinguir muy pronto al escuchar. Ella arqueó los labios y colgó rápido.
Miguel la miró con mucha cautela y preguntó:
—Señorita, ¿adónde vamos