Estoy en una camilla de un hospital, la señora Isabella está sentada a mi lado.
—Hija ¿cómo te sientes?
—Estoy bien, ¿ya me puedo ir?
—El doctor dijo que esperaras unas horas y después nos vamos.
—No puedo esperar mucho, ya mañana es el desfile, todavía tengo cosas que organizar.
—Tranquilízate, así cómo estás tan estresada no puedes trabajar, espera unas dos horitas y luego nos vamos.
—Señora Isabella, ¿usted lo sabía?
—Sí.
—¿Y por qué se calló?